
Al día siguiente, el 13 de diciembre, logramos inscribirla en el Consulado de Chile en Bruselas. Tarea nada de fácil porque teníamos un acta en flamenco (se cachaba N) otorgada en la plaza Burg, pero la necesitábamos en español, francés y en croata. O sea todo bien.
Aprovechamos claramente de ir a comernos unas moules frites a la calle de los bouchers y dar una vuelta por el pilucho, compañados evidentemente por la infaltable lluvia. No lejos de ahí en la tarde, hubo una muestra de luces en la Gran Plaza con protagonistas tan memorables como Rodolfo el Reno y miles de burbujas que en el aire parecían copos de nieve: el espíritu navideño estaba muy presente en el ambiente.

Días más tarde, luego de una visita flash de la pequeña a Gent, llegó la hora de ir a dejar a la abuela y a buscar a los tíos Gatos a Bruselas, en una jornada doble como esas memorables del nacional. Con rumbo de regreso a Brujas, no quedaba más que prepararse para las grandes visitas y eventos que se venían para navidad y año nuevo.
Durmiendo en la mesa del resto en Gent

La despedida en Bruxelles Midi
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